Más que nunca en la Historia de la Humanidad es necesario dudar, pensar en tiempos de algoritmos Pero pensar de forma crítica, dudar, discernir. Sobre todo si no quieres:
que te digan qué pensar.
profetas con bata blanca, ni algoritmos disfrazados de conciencia.
ni tampoco te basta con repetir frases bonitas sobre libertad o pensamiento crítico.
Yo, al menos, quiero pensar en voz propia.
Y eso —hoy— es más revolucionario que nunca.
La sabiduría no se descarga: se construye
He llegado a una conclusión simple, pero férrea:
La sabiduría no es información. No es erudición. No es velocidad de procesamiento.
La sabiduría real es la suma de tres cosas:
- Conocimiento verdadero (sin dogma, sin marketing ideológico).
- Experiencia personal contrastada (vivir, fallar, observar, acertar).
- Honestidad brutal para reconocer el resultado empírico (sin excusas, sin edulcorar).
Esa es la única sabiduría que respeto.
Y ahí, incluso Sam Altman —sí, el mismo que dirige el vértice de la IA global— también está limitado.
Porque él también es prisionero de su relato, de sus datos, de su experiencia.
Como lo soy yo. Como lo eres tú.
La diferencia es si tienes el valor de cuestionarlo.
Vivir sin relato es imposible. Pero vivir sin revisarlo es suicida.
Lo descubrí como abogado. Día tras día, causa tras causa:
- la raíz del conflicto humano no es el hecho, es el relato.
- La historia que cada parte se cuenta.
- Las expectativas que proyectan.
- La disonancia entre lo que uno cree que merece y lo que el mundo realmente le devuelve.
Eso es el sufrimiento. No la vida. Sino la brecha entre lo que esperas y lo que es.
¿Quién escribe tu relato?
Llevo practicando, desde los 16 años, una forma de meditación que ni siquiera sabía que lo era:
observar el relato que me cuento, y descubrir si lo escribe mi yo… o mi ego.
El ego grita. Se indigna. Se victimiza. Y se compara.
El yo escucha. Se ajusta. Se refina. Admira y aprende.
No siempre gano. A veces el ego toma el volante. Pero sé reconocerlo. Y cada vez vuelve al asiento de copiloto más rápido.
Y sabemos además que somos razón y emoción, por tanto, debemos usar la lógica pero también la intuición. Si una no la usas, tu relato fallará.
La razón porque el dato mata al relato.
Y la intuición porque gran parte de las decisiones humanas emocionales y luego las racionalizamos, eso es el relato, y debes usar tu intuición para leer el comportamiento de los demás.
Y hacer ese proceso de usar ambas partes de las capacidades humanas para llevar una mejor vida. Si no lo haces sufrirás un choche de realidad y contradicción.
Este es mi tiempo. No lo elegí, pero es el mío.
Sé que estoy en un momento histórico.
No porque lo diga la prensa. Porque lo siento.
Veo cómo se desmorona el trabajo, cómo se infantiliza el discurso, cómo se impone el relato único.
Y no me voy a dejar domesticar.
No tengo respuestas para todos. Pero tengo preguntas. Y una brújula interna que no vendo.
Pensar en voz propia es mi forma de resistencia, pensar en tiempo de algoritmos.
Y si este mundo te pide que te calles, que repitas, que obedezcas… piensa tú también. Aunque duela. Aunque te deje solo. Porque ahí —y solo ahí— empieza la dignidad.