Cuando el relato se convierte en mentira

por Abel Marín
mentira

Del relato sano al autoengaño destructivo.

Todos necesitamos un relato. Es nuestro marco para ordenar el caos de la vida, para dotar de sentido nuestras decisiones y para no sentirnos perdidos en el tiempo. Pero hay un momento en el que ese relato deja de ser herramienta de crecimiento y se convierte en un disfraz. Un disfraz burdo, pero muy peligroso, tejido mentira tras mentira.

Mentirte a ti mismo es la forma más eficiente de destruirte

Primero retocas la historia para no sufrir. Luego eliminas las partes que te incomodan. Después rellenas los huecos con ficciones que te dejan mejor parado. Y al final… ya no sabes distinguir lo que pasó de lo que inventaste.
Eso es la mentira: la negación consciente de los hechos.

No es lo mismo que creer en algo falso por error que decir algo a sabiendas que no es cierto, o no tal cual se dice.

Y no solo se miente con las palabras, sino con los actos que emulan, como un actor con su máscara, una imagen falsa. Siempre sonriendo, o siempre dando pena… cada uno atrapado en su historia de mentira.

Como advirtió Nietzsche:

“No me molesta que me hayas mentido. Me molesta que, a partir de ahora, no pueda creerte.”

Pero cuando el mentiroso eres tú, el que pierde la confianza no es el otro… eres tú mismo. Y vivir sin poder confiar en ti es el infierno en vida.

El castillo de naipes, mentira tras mentira

Para sostener una mentira necesitas otra. Y otra. Y otra más. Hasta que has construido un castillo de naipes donde cada carta es una versión retorcida de tu pasado. El problema es que lo has construido en público. Y cuando cae, cae con todo. Tu reputación, tu identidad, tu credibilidad. Lo que querías proteger se convierte en ceniza.

Y lo peor es que muchas veces no caes porque alguien te descubra. Caerás porque ya no puedes sostenerlo más. Y, o bien te desmoronas o bien tomas una decisión fatal. 

La mentira no es narrativa: es ruina

No confundas mentira con interpretación. Interpretar es sano. Mentir es consciente. Mentir es saber que estás falseando lo que ocurrió.

No estoy hablando de subjetividades: hablo de hechos.relato ruina

Si inventaste tus méritos, si negaste tus errores, si adornaste tu historia hasta desfigurarla, ya no estás interpretando: estás mintiendo.

Y la mentira te desconecta de la realidad. Y cuando no ves la realidad, todo lo que construyas está destinado a derrumbarse.

Y tu identidad eliminada.

Del relato al delirio

¿Sabes cuál es la última etapa de este proceso? Que terminas creyéndote tu propia farsa. Has repetido tanto la historia, que se convierte en tu única realidad. Y entonces ya no puedes volver atrás. Porque hacerlo implicaría reconocer que todo era una mentira.

Y eso duele más que seguir arrastrándola.

Por eso te digo:

Dite la verdad. No para castigarte. Para no destruirte.

 

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