El pasado 17 de marzo de 2025, el magistrado del Tribunal Supremo, Manuel Marchena, fue investido como Doctor Honoris Causa por la Universidad CEU Fernando III en Sevilla. Durante su discurso, Marchena lanzó una serie de advertencias sobre la independencia judicial, y la intromisión del poder político en España. La infamia hecha costumbre: leyes con nombre y apellidos, llegó a decir literalmente Marchena.
Sin embargo, la solemnidad del acto y la composición del auditorio, repleto de figuras políticas y judiciales, plantean una inquietante pregunta: ¿estaban los verdaderos destinatarios de sus críticas dispuestos a escuchar?
Un discurso valiente en tierra de sordos
Marchena denunció la descalificación de los jueces por parte de ciertos sectores políticos, calificando de «infamia» atribuir motivaciones políticas a las sentencias judiciales. Además, criticó la aprobación de «leyes con nombre y apellidos» que socavan los fundamentos del estado democrático.
Estas declaraciones, aunque contundentes, fueron pronunciadas en un entorno donde muchos de los presentes podrían ser cómplices o directamente responsables de las prácticas denunciadas. La autocensura y la alineación con intereses partidistas son realidades palpables en nuestras instituciones. La pregunta es: ¿Cuántos de los asistentes se dieron por aludidos?
Quizás hubiera estado bien que tocara el piano el hermanísimo, así que gana el sueldo y tiene un lugar de trabajo que al que sepa llegar.
Medios de comunicación: ¿guardianes de la verdad o cómplices silenciosos?
La cobertura mediática del discurso de Marchena es, a todas luces, superficial. Los titulares destacan frases impactantes, pero pocos profundizan en la gravedad de las denuncias realizadas. Los medios, muchos de ellos dependientes de subvenciones y favores políticos, parecen más interesados en mantener el statu quo que en cuestionarlo. Esta actitud complaciente contribuye a la desinformación y a la perpetuación de prácticas que erosionan nuestra democracia.
Más allá de los partidos: una crisis institucional
Es crucial entender que las advertencias de Marchena trascienden la lucha partidista. No se trata de una crítica a una formación política específica, sino de una llamada de atención sobre una crisis institucional que amenaza los pilares de nuestra sociedad. La instrumentalización de la justicia con fines políticos y la aprobación de leyes ad hoc son síntomas de un mal mayor que debemos enfrentar con urgencia.
Como abogado, conozco bien los riesgos
Desde mi experiencia en el ámbito legal, puedo afirmar que estamos al borde de un desastre social. La pérdida de confianza en la justicia y la politización de las instituciones generan un caldo de cultivo para la anomia y el desencanto ciudadano.
Si no actuamos con firmeza para revertir esta tendencia, las consecuencias serán nefastas para nuestra convivencia y para el futuro de nuestra democracia.
No hay más sordo que el que no quiere oír, ni más cobarde que no quiere actuar
El discurso de Marchena no debe quedar en el olvido ni quedar relegado a una anécdota más en la crónica política.
Es una llamada urgente a la reflexión y a la acción. Todos, desde nuestra posición, tenemos la responsabilidad de defender la independencia judicial y exigir a nuestros representantes políticos un comportamiento ético y respetuoso con las instituciones. Solo así podremos evitar el colapso de nuestro sistema democrático y garantizar un futuro justo y equitativo para las próximas generaciones.
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