Me ha consternado la noticia del asesinato de una educadora social por tres menores en un piso tutelado. Un hecho brutal que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que muchos prefieren esquivar: ¿realmente funciona nuestro sistema de responsabilidad penal para menores? No. La impunidad hace aumentar el daño a terceros.
La edad mínima de responsabilidad penal en España ha sido un tema de debate desde hace décadas. Ha cambiado en distintas épocas, pero hoy, en pleno 2025, seguimos con una legislación que permite que menores de 14 años sean intocables penalmente, y que los mayores de esta edad tengan un sistema “especial” de sanciones que, en la práctica, para la percepción social, se traduce en impunidad.
Un sistema que no se cree nadie
La Ley Orgánica 5/2000 regula la responsabilidad penal de los menores en España y se basa en el principio de la educación sobre la punición. En teoría, el sistema está diseñado para reinsertar a los jóvenes delincuentes, ayudarles a comprender sus errores y darles una segunda oportunidad. Suena bonito. El problema es que no funciona.
El resultado de este planteamiento es el siguiente:
- Menores que roban, violan y matan, sabiendo que, como mucho, pasarán un tiempo en un centro de reeducación, con más comodidades que muchas familias trabajadoras.
- Víctimas y familias completamente desamparadas, viendo cómo el sistema justifica y protege más a los agresores que a los perjudicados.
- Una percepción social de impunidad total, que hace que muchos jóvenes delincuentes no tengan ningún freno en su escalada de violencia, y lo peor, durante el proceso de formación de la personalidad.
Y esto no es una exageración. Los profesores lo saben, los policías lo saben, los jueces lo saben, pero el sistema sigue encogiéndose de hombros.
Del Código Penal de 1932 al desastre actual
No siempre fue así. En el Código Penal de 1932, la mayoría de edad penal se fijaba en los 16 años. Hubo modificaciones a lo largo de las décadas, pero el gran giro llegó con la Ley Orgánica 10/1995 del Código Penal, que determinó que ningún menor de 18 años sería juzgado con las mismas reglas que los adultos.
Después, en el año 2000, la Ley Orgánica 5/2000 estableció la responsabilidad penal de los menores de entre 14 y 18 años, con un sistema de sanciones propio, centrado en la educación. Desde entonces, 14 años se ha mantenido como la edad mínima de responsabilidad penal.
Y ahora tenemos la situación actual: jóvenes sin valores, sin límites y sin miedo a las consecuencias de sus actos.
La erosión de la autoridad y la infantilización de la sociedad
El problema no es solo legal. Es social.
Llevamos décadas con un sistema educativo que ha destruido la autoridad de los profesores, con padres que han delegado la educación en tablets y pantallas, y con un modelo de sociedad que rechaza la responsabilidad personal.
Cuando la ley es blanda y el entorno social refuerza la idea de que “todo se perdona”, ¿qué esperas que pase?
- Los menores aprenden que pueden hacer lo que quieran sin pagar el precio.
- Los delitos crecen, las agresiones aumentan y la violencia se normaliza.
- Se criminaliza a quien pide más firmeza y se protege al agresor.
El colmo de todo esto es que, cuando se denuncia esta realidad, te llaman “alarmista”, “exagerado” o directamente “fascista”. ¿Desde cuándo pedir justicia y sentido común es un delito de odio?
El virus que nos mata poco a poco
Hace unos días escribí sobre el scroll infinito y la manipulación mental de la sociedad. Pues bien, esta falta de responsabilidad personal es otra versión del mismo problema. Se nos ha convencido de que somos víctimas de todo, de que la culpa nunca es nuestra, de que hay que tener “empatía” con el delincuente, y de que el castigo es un concepto anticuado.
Mientras tanto, los que matan, violan y destrozan vidas se benefician de esta mentalidad y siguen adelante sin aprender nada.
Europa ha renunciado a defender sus valores y España es la prueba viviente de ello.
Pero hay algo que la historia nos enseña: toda sociedad que renuncia a la disciplina y a la justicia, termina destruida por el caos. Sin embargo, parece que la estupidez es la ideología que triunfa en Europa.
El verdadero problema no es solo que los menores puedan cometer delitos. El problema es que vivimos en una sociedad que ha rebajado la responsabilidad personal hasta el ridículo. Y cuando una sociedad deja de exigir responsabilidad, deja de funcionar. No hay valores, no hay consecuencias, no hay límites.
Al final, no se trata solo de reformar la ley para endurecer penas. Se trata de cambiar una mentalidad que ha asumido que lo más importante es que los jóvenes «se sientan bien», en lugar de enseñarles que ser adulto implica aceptar las consecuencias de sus actos.
Porque si seguimos en esta deriva, el virus que nos está matando poco a poco no será el crimen juvenil, sino la completa desaparición del sentido de la responsabilidad. Y entonces, cuando todo se nos caiga encima, ya no quedará nadie a quien culpar… salvo a nosotros mismos.
Y lo peor de todo es que, cuando nos demos cuenta, ya será demasiado tarde.
¿También nos tragaremos este sapo? Ya te digo que sí (ver).

«Tragando sapos»