La revolución de la inteligencia artificial no está por venir. Ya ha comenzado. Pero a diferencia de otras olas tecnológicas, esta no va a repartir beneficios de forma equitativa. Esta vez, el pastel se lo van a quedar unos pocos. Por ello, invertir en el sistema, es alguna de las pocas cosas que puedes hacer para salvarte de la enorme disrupción de la IA en la humanidad.
Y no lo digo por paranoia ni ideología. Lo digo porque la lógica económica lo demuestra, y la historia lo confirma.
Proponer invertir en el sistema es quizás lo que más odian los activistas del victimismo, porque en realidad, ellos viven del sistema, pero no que no saben es que va a haber (y van a ver) un cambio disruptivo.
La IA no es exclusiva. Pero no todos la aprovecharán igual
La inteligencia artificial es permeable. Se extenderá a todas partes: grandes empresas, medianas, pequeños negocios, profesionales autónomos, incluso a la vida doméstica. Igual que pasó con los ordenadores domésticos, Internet o los smartphones. Aunque esto me parece que va a ser aún más «intenso»
Pero eso no significa que todos obtendrán el mismo provecho.
Las grandes compañías tienen una ventaja asimétrica:
- Infraestructura tecnológica
- Acceso a datos masivos
- Equipos de integración y escalado
- Capacidad de comprar talento y absorber innovación
- Posición dominante en el mercado
Resultado: la IA será masiva… pero sus beneficios estarán concentrados.
La nueva brecha: propietarios vs. usuarios
El mundo se dividirá en dos tipos de personas:
- Los que trabajan para un sistema que ya no los necesita.
- Y los que poseen parte del sistema y recogen sus beneficios.
En otras palabras: empleados y accionistas.
Y la distancia entre ambos va a crecer brutalmente.
Porque la IA no sólo va a eliminar tareas. Va a desplazar valor desde el trabajo humano hacia el capital.
Y eso significa una cosa:
si no posees activos, terminarás dependiendo de los que sí los poseen.
Invertir en el sistema es invertir en Bolsa: no es un juego, es una trinchera
No te hablo de especular, ni de perseguir modas. Te hablo de algo más estratégico, más estructural: ser parte del sistema antes de que te expulse.
Invertir en el sistema en el que vivimos es entender el Mundo, tu época. Debes hacerlo con cabeza en empresas que lideran la revolución tecnológica no es “hacerte rico”, y mirar a EEUU, pero también a China y el resto de países emergentes.
Es poner un pie en el otro lado de la brecha.
- No lo hará el Estado por ti.
- Ni lo hará tu empresa por ti.
- Tampoco lo hará la renta básica.
- O lo haces tú… o lo harán contigo.
Y quiero que sepas que aunque escribo para mejorar las cosas que no me gustan del mundo, creo firmemente que la solución es individual, por eso comparto esta reflexión.
El sistema ya ha elegido a sus ganadores. ¿Y tú, de qué lado estás?
No te fíes del relato romántico de que “la tecnología nos liberará”.
La tecnología libera al que la controla.
Y esclaviza —por dependencia— al que sólo la consume.
Estar fuera ya no será pobreza. Será irrelevancia.
Y estar dentro no será tener un sueldo. Será tener activos, propiedad, estrategia.
No te digo que te conviertas en tiburón. Te digo que pienses como un ser libre.
Y que dejes de trabajar sólo para el sistema,… y empieces a participar en él.
¿Prefieres ser una oveja del rebaño, el perro pastor, el pastor o socio (minoritario) de la empresa propietaria del ganado?
«TRAGANDO SAPOS»
