La inteligencia artificial no te matará: eliminará el alma humana

por Abel Marín
inteligencia artificial y alma humana

No viene a conquistarte, pero se llevará tu alma y no querrás vivir así. El debate es: inteligencia artificial y alma humana

La inteligencia artificial no necesita tanques ni ejércitos. Solo necesita una interfaz amigable y respuestas instantáneas.

Y tú, feliz, le entregas tu tiempo, tu atención… y tu voluntad.

Vivimos ya en un mundo donde un algoritmo decide qué ves, qué piensas y a quién crees. Todo en nombre de la comodidad. No ves las cadenas, porque están hechas de conveniencia.

¿Evolución o rendición?

La humanidad está en una encrucijada silenciosa.
Por un lado, se abre la posibilidad de una evolución radical: una élite que se fusione con la tecnología, potencie sus capacidades mentales, incluso modifique su genética.

Por otro lado, la mayoría se desliza hacia una precariedad moral, intelectual y espiritual.
Como en Un mundo feliz, imprescindible lectura, el control no viene por represión, sino por placer sin sentido.

La inteligencia artificial no genera zombis: los facilita.

El alma se apaga cuando no hay esfuerzo

El propósito de toda vida —animal o vegetal— es sobrevivir. En el ser humano, ese propósito se transforma: buscamos sentido.
Y el sentido nace del esfuerzo, del conflicto, de la lucha por lo que merece la pena.

Si delegamos todo en la IA, si dejamos que piense, decida y actúe por nosotros, perdemos el conflicto… y con él, el sentido.
La inteligencia artificial y el alma humana son incompatibles si el humano se vuelve pasivo.

No es ciencia ficción. Es ahora

Ya te despiden por un algoritmo. Ya te califican por una app. Ya formas parte de una base de datos que no entiendes.
Y lo peor no es que eso ocurra, sino que te parezca normal.

Esta no es una amenaza futura. Es una amputación presente. Y lo más cómodo de todo es que ni duele.

Estamos viviéndolo, es el inicio pero llega a con una aceleración exponencial, y mucha gente no sabe ni de qué va.

¿Qué queda por hacer?

Tú eres finito. Y aún así puedes elegir participar en que esta evolución vaya a mejor.
No salvarás el mundo, pero puedes sostener una chispa.
Puedes pensar. Puedes resistir. Y puedes escribir, hablar, despertar a otros.

Si no lo haces tú, no lo hará nadie. Porque las máquinas no pueden.
Y la mayoría de humanos, ya no quieren.

El hombre no soporta demasiada realidad.
— T.S. Eliot

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