El miedo de los gorrones: Trump, los aranceles y la hipocresía del comercio internacional

por Abel Marín

Vaya por delanta que Trump me da cierta grima. Sin embargo, si nos fiamos del griterío mediático y de la indignación de los políticos europeos, la reciente decisión de Donald Trump de aumentar los aranceles es poco menos que un ataque a la estabilidad mundial, un disparate proteccionista que amenaza con llevarnos a la ruina. QuizásTrump sólo pretenda reciprocidad en los aranceles.

El principio de reciprocidad, la base del comercio justo

Uno de los principios más básicos del Derecho Internacional es la reciprocidad: si tú me permites comerciar contigo con ciertas condiciones, yo te ofrezco las mismas. Así funciona el comercio cuando es justo.

Ahora bien, según El Economista, el arancel medio que soportan las exportaciones de Estados Unidos es del 6,5%, mientras que el arancel que aplica EE.UU. a los productos extranjeros es de apenas 3%. ¿Dónde está la reciprocidad aquí?

No hace falta ser un genio en matemáticas para darse cuenta de que si un país cobra el doble de aranceles a los productos de otro de lo que él mismo paga, está imponiendo una barrera desleal al comercio. En otras palabras: EE.UU. estaba permitiendo que le tomaran el pelo.

Ya, ya, lo sé, a veces la perdad pica, porque el dato mata el relato

¿Por qué ahora sí y antes no?

Si esto lleva décadas ocurriendo, ¿por qué nadie había hecho nada hasta ahora? Porque, hasta la llegada de Trump, la política comercial de EE.UU. se basaba en la diplomacia sumisa: aceptar cualquier desigualdad en nombre de un supuesto «orden global». Pero cuando llega alguien y dice: «Basta, queremos las mismas condiciones que nos imponen», de repente los que llevaban décadas aprovechándose se rasgan las vestiduras.

La reacción histérica es lógica: a nadie le gusta que le corten el chollo. Gobiernos y empresas que han vivido de condiciones comerciales favorables ven ahora amenazados sus privilegios. Pero lo que están llamando «proteccionismo» no es más que exigir lo justo: que si EE.UU. paga un 6,5%, el otro país pague lo mismo.

«Trump es malo» (ironía mode on)

La narrativa es simple y ridícula: Trump es malo porque quiere que EE.UU. deje de ser el tonto del comercio internacional. Si la reciprocidad es el principio básico del derecho y de cualquier negociación justa, ¿por qué en el comercio internacional se considera un escándalo exigirla?

El debate no es sobre aranceles, es sobre gorrones asustados. La verdadera razón del pánico no es que EE.UU. suba sus aranceles, sino que las economías que llevaban décadas aprovechándose de su generosidad ahora tendrán que competir en igualdad de condiciones.

Y eso, claro, a muchos no les gusta.

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