Los equipos profesionales no somos solo grupos de personas que trabajamos juntas; somos ecosistemas en los que los valores compartidos determinan su estabilidad y éxito. Pero ¿Qué ocurre cuando un miembro del equipo no comparte realmente esos valores? La respuesta es simple: los conflictos son inevitables con aquel miembro que no comparte con el resto ciertos valores esenciales.
Sospecha cuando intuyas que un miembro simula que los comparte, mucho más cuando sobreactúe, mostrándose como el que más se sacrifica, el más entregado, el más comprometido. Pero tarde o temprano, la incompatibilidad entre sus intereses personales y las necesidades del equipo colisionará, y con ello, el choque de relatos.
Cada uno con su versión: la realidad fragmentada
Cuando llega la ruptura, cada parte tendrá su propio relato sobre lo sucedido.
Y aquí viene lo más fascinante: esas versiones pueden ser totalmente dispares.
- Para unos, habrá sido una traición.
- Otros considerarán que es una injusticia.
- Y para los que comparten tanto la visión y misión del equipo como los valores principales personales simplemente el desenlace lógico de una incompatibilidad de fondo.
Cada persona vive en su propio relato, en su verdad. Pero que todos tengan su versión no significa que todas sean igualmente válidas. Sí, legítimas, por supuesto. Pero la legitimidad no es sinónimo de acierto.
Más hechos, menos palabras
Es fácil dejarse llevar por discursos grandilocuentes, por relatos que emocionan, por argumentos bien construidos. Pero al final del día, lo que importa no es lo que alguien dice, sino lo que alguien ha hecho.
No me digas qué debería hacer para alcanzar mis metas. No me cuentes cómo debería actuar para ser logras los objetivos.
Muéstrame qué has logrado tú.
El tiempo pone todo en su sitio. Los equipos funcionales prosperan cuando se alinean valores, hechos y resultados. Cuando no, el desenlace es cuestión de tiempo.
La ley de la siembra tiene una sección sobre la poda y matar malas hierbas
Un buen líder debe, no sólo ayudar a todos a conseguir sus metas dentro de equipo, sino actuar por y para el equipo, teniendo que comunicar y transmitir la misión, visión y valores.
La parte triste y dura del líder es, casi siempre en soledad, tener que tomar la decisión de prescindir de un miembro cuando su continuidad supone un riesgo para la necesaria armonía que se necesita para que e equipo sea funcional.
No es conveniente mantener en la empresa a alguien que está emocionalmente en conflicto con la dirección, ya que eso genera un ambiente tenso y reduce la cohesión del equipo.
Ese liderazgo requiere intuición, y en ocasiones el conocimiento que llega por la intuición no es fácil de explicar, porque la lógica no sirve cuando los factores son múltiples, si la lógica funcionara, el mundo sería perfecto, y no lo es.
No te olvides de la intuición, esa gran fuente de sabiduría que nuestro ego silencia y arrincona, porque debes saber que lo subjetivo es el ego, lo intuitivo eres tú.
Los demás puede que no te entiendan. Sólo si de tus actos has demostrado integridad podrán seguir confiando en tu liderazgo, tanto si coinciden con tu decisión como si no la comparten. De lo contrario, perderás la autoritas y solo que quedará la potestas, entonces habrá llegado el momento de sacrificarte a ti mismo y dimitir. Por el bien del grupo.
Nota: tengo más de 25 años de experiencia en dirección de equipos. Y cada día me equivoco, pero aprendo.