Quede constancia de que el concepto de ultrademocratismo me lo invento. Supone la radicalización del democratismo imperante, lo que Platón advertía que sucedería con el nefasto sistema democrático, salvo que lo hubiéramos evitado. Democratismo y ultrademocratismo son lo mismo, pues es su derivación lógica.
El democratismo resulta una estrategia por la cual una amalgama de grupos minoritarios que quieren imponer a una mayoría sensata. Se trata de ir uniendo sus fuerzas para asaltar el poder gracias a las imperfecciones de nuestros sistemas democráticos.
Tras una batalla cultural de décadas han conseguido aunar bajo la falta bandera de la democracia los votos suficientes para ir ganando cuotas de poder. Y con ello financiación y así poder ir subvencionado y regulando el discurso oficial.
Democratrismo y ultrademocratismo son lo mismo.
Porque tener sólo la idea de la democracia vacía de los verdaderos Derechos Fundamentales, es radicalismo. Además de una estafa social, una estrategia para aparentar buenas intenciones.
El ultrademocratismo, es lo que estamos viendo hoy en Europa: la prohibición de la libertad de expresión mediante la censura, la coerción e incluso penas de prisión.
Porque todo cabe en ese nuevo delito de «odio». Dicho delito no deja de ser condenar lo que no te gusta oír, sobre todo si es la verdad.
La libertad de opinión es uno de los pilares de los sistemas democráticos y del Estado de Derecho. Su reconocimiento en tratados internacionales, como el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en constituciones nacionales, responde a la necesidad de garantizar la autonomía individual y la deliberación pública. Sin embargo, esta libertad no es absoluta y enfrenta tensiones con otros derechos y principios jurídicos. Y lo que es peor, hoy se encuentra en peligro por el relativismo que equipara «verdades incómodas» con delitos de odio. Quizá debiera resonar la opinión de Platón sobre la democracia, y ya va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre: lo que estamos viviendo es ultrademocratismo.
Platón y su crítica a la democracia
Platón, en La República, consideraba que la democracia era un sistema defectuoso, pues ponía el poder en manos de una masa inexperta e influenciable. Para él, el gobierno debía ser ejercido por los más sabios y preparados, no por quienes lograban convencer con discursos populistas. La democracia, según Platón, degeneraba en demagogia y terminaba conduciendo a la tiranía.
Hoy vemos una nueva forma de degeneración democrática: el ultrademocratismo, una amalgama de minorías radicales que se unen para imponerse a la sensatez, asaltando el poder gracias a las imperfecciones de nuestros sistemas políticos. La tiranía de las mayorías se ha transformado en la tiranía de las minorías organizadas.
Fundamento filosófico y jurídico de la libertad de opinión
Desde una perspectiva filosófica, autores como John Stuart Mill argumentaron en Sobre la libertad que la libre expresión es esencial para la búsqueda de la verdad y el progreso de la sociedad. Mill defendía que incluso las opiniones erróneas deben poder expresarse, pues confrontarlas con la verdad fortalece el pensamiento crítico.
En la tradición del iusnaturalismo, la libertad de opinión se considera un derecho inherente a la dignidad humana, mientras que en el positivismo jurídico, su protección depende de los límites que imponga el ordenamiento jurídico. Hans Kelsen sostenía que el Derecho es un sistema normativo cuya validez depende de su reconocimiento institucional, lo que implica que la libertad de opinión puede ser restringida según el contexto normativo de cada sociedad.
Los límites a la libertad de opinión
El Derecho Constitucional y los tratados internacionales establecen que la libertad de opinión tiene límites cuando entra en conflicto con otros derechos fundamentales, como el honor, la dignidad y la seguridad pública. Ejemplos de restricciones lícitas incluyen:
- Discursos de odio: Criminalización de expresiones que inciten a la violencia o a la discriminación.
- Difamación y calumnia: No protege afirmaciones falsas que dañan la reputación ajena.
- Seguridad nacional y orden público: Ciertos discursos pueden restringirse para evitar conflictos o amenazas graves.
El problema es que hoy se está utilizando el «discurso de odio» como un arma de censura. El relativismo ha llegado a equiparar verdades incómodas con delitos, desvirtuando el concepto de libertad de expresión y convirtiéndolo en una herramienta de represión ideológica.
Ultrademocratismo: cuando la democracia es el pretexto para la censura
La democracia moderna se tambalea porque sus mecanismos han sido explotados por grupos radicales que, sin ser mayoría, logran imponer su agenda gracias a la debilidad del sistema. Este ultrademocratismo se manifiesta en:
- La censura de discursos críticos con la ideología dominante.
- La persecución mediática de quienes desafían las narrativas oficiales.
- La criminalización de opiniones divergentes bajo la etiqueta de «discurso de odio».
Este fenómeno está destruyendo la verdadera diversidad de pensamiento y creando una sociedad de ciudadanos amordazados.
Democracia sí, democratismo no.
La libertad de opinión no solo es un derecho individual, sino una garantía para la democracia y el pluralismo. Sin embargo, en un mundo donde el discurso de odio se utiliza para silenciar verdades incómodas, los juristas y filósofos del Derecho enfrentan el desafío de defender la expresión libre sin permitir la manipulación ideológica del concepto.
La solución no es la censura, sino el fortalecimiento del pensamiento crítico y la tolerancia al disenso. Si renunciamos a la libertad de expresión, no estamos protegiendo a los vulnerables; estamos entregando el poder a los nuevos censores.
¡Es hora de llamar a las cosas por su nombre y rechazar el ultrademocratismo que amenaza nuestra libertad!
¿Queremos seguir fingiendo que nada pasa o empezar a prepararnos para lo inevitable?
«Tragando sapos»
1 comentario
Totalmente de acuerdo, apunto a las experiencias narradas de Alexis de Tocqueville, un visionario de la deriva a la que se dirigiría la democracia. Lo clavo…Merece leer sus libros..