Por fin terminé hace unos días la lectura que comencé en 2023: Principios para Enfrentarse al nuevo Orden Mundial de Ray Dalio, un análisis brutalmente claro sobre el ascenso y caída de las grandes potencias a lo largo de la historia. No es el Oráculo de Delfos, no son predicciones esotéricas ni un ejercicio de ciencia ficción económica. Es un manual basado en datos, en patrones que se han repetido una y otra vez a lo largo de los siglos. Lo más inquietante es que, si aceptamos sus premisas, la crisis de deuda es una certeza matemática. No sabemos cuándo, pero llegará.
Todo el mundo habla de crisis de deuda, me resuena al cuento de «que viene el lobo», y llegó finalmente, pero hasta que llegó fuimos felices, pues mientras llega a quién le amarga cobrar intereses de las letritas de Tesoro, o del Bono Americano.
Y aquí es donde entramos en el verdadero problema: la absoluta falta de comprensión generalizada sobre cómo funciona el mundo, la economía y, en última instancia, nuestra propia vida financiera.
La crisis de deuda y la ceguera de las masas
Dalio (y su gran equipo) sostiene que el ciclo de ascenso y declive de las potencias mundiales sigue patrones históricos claros. Entre ellos, la acumulación descontrolada de deuda es un síntoma inequívoco de que un país está en la fase final de su apogeo.
En el caso de Estados Unidos, el endeudamiento, la impresión masiva de dinero y la pérdida de competitividad son señales inequívocas de su declive.
Ahora bien, ¿qué hace la mayoría de la gente con esta información? Absolutamente nada.
Porque la gran mayoría no tiene ni la más remota idea de cómo funcionan los ciclos económicos, ni qué implicaciones tiene que los bancos centrales impriman dinero como si fueran caramelos. Se quedan con los titulares, con las frases hechas, con las promesas de políticos que les aseguran que todo estará bien. Y cuando la crisis llega, cuando su dinero vale cada vez menos y los impuestos suben para tapar agujeros, se llevan las manos a la cabeza.
Invertir para no ser un peón más en el tablero
Dalio no se limita a exponer el problema, sino que ofrece soluciones. Sus consejos para protegerse de una crisis de deuda son prácticos y, en teoría, aplicables para cualquiera:
Diversificar inversiones para no depender de un solo tipo de activo o mercado.
- Evitar bonos gubernamentales y corporativos tradicionales, ya que su rentabilidad es cada vez menor.
- Invertir en activos tangibles y alternativos, como el oro o, en menor medida, Bitcoin.
- Apostar por sectores innovadores, como la inteligencia artificial.
- Seleccionar países con fundamentos económicos sólidos en los que invertir.
Sin embargo, aquí surge otro problema: el ciudadano medio ni siquiera se plantea la idea de invertir. La mayoría de las personas no tienen ni la menor educación financiera, no saben cómo funciona la inflación, la deuda pública o la bolsa. Y lo que es peor, tampoco parecen interesadas en aprender.
Ignorancia económica: el caldo de cultivo perfecto para la manipulación
La falta de comprensión económica generalizada es un terreno fértil para que políticos, burócratas y demás parásitos nos manipulen sin resistencia. Se nos distrae con debates intrascendentes, se nos enfrenta entre nosotros mientras ellos siguen ordeñando el sistema, y recuerda que nosotros somos sus vacas.
Nos dicen que el cambio climático mata, que debemos preocuparnos por las emisiones de CO₂, pero el endeudamiento brutal de nuestras economías, la inflación que devora nuestros ahorros y la crisis social que esto traerá… de eso no se habla.
¿Por qué? Porque no da votos.
Ahora la UE se topa con que no tiene pasta para defenderse sin el tío Sam, pues más deuda, el último en salir que pague la fiesta.
Lo que da votos es repartir dinerito de los impuestos para negocietes de un montón de apesebrados que viven del cuento, mientras el ciudadano de a pie sigue sin enterarse de que le están esquilmando.
Y cuando alguien quiere frenar el desastre… lo llaman loco
Todo esto no sería un problema si no fuera porque, cuando de repente aparece un líder político que dice lo evidente –que no se puede gastar más de lo que se tiene– lo crucifican.
En Argentina, Javier Milei ha llegado con un mensaje claro: o dejamos de gastar, o nos hundimos.
Lo mismo intenta Donald Trump en EE.UU., llamando a recuperar la soberanía económica y a poner freno al descontrol financiero.
Pero ¿qué sucede? Que un ejército de políticos, medios de comunicación y «expertos» les atacan como si fueran lunáticos. Como si proponer lo más básico –recortar el gasto, equilibrar las cuentas, fortalecer la moneda– fuera un acto de terrorismo económico.
Es irónico. Ray Dalio, con su inmenso conocimiento y análisis basado en datos, advierte de forma muy fundamentada que la crisis de deuda es inminente. Y, sin embargo, cuando alguien intenta corregir el rumbo antes del colapso, el sistema se defiende con uñas y dientes.
Porque el problema no es solo la deuda. Es el sistema que se ha construido alrededor de ella. Un sistema donde decir la verdad te convierte en el enemigo.
¿Qué podemos hacer tú y yo?
La respuesta es sencilla, aunque incómoda: dejar de ser ignorantes.
Aprender a manejar el dinero, entender cómo funciona el sistema financiero y tomar decisiones en consecuencia.
Porque la crisis de deuda llegará, Dalio lo afirma con datos en la mano y mi humilde intuición me dice que no se equivoca. La pregunta no es si pasará, sino cuándo y cómo de preparado estarás cuando suceda.
Mientras tanto, yo seguiré denunciando todos los sapos que nos tragamos a diario (ver).
Tragando sapos
2 comentarios
Cuando decimos países sólidos me ocurre que no los encuentro ya.
La clase política se ha convertido en una gran familia organizada para el trinque con la ayuda de los mismos jueces para unos y otros. Lo último la entrevista al que fuera reportero del gobierno en la Pandemia. Un tipo con una voz que ya nos decía que algo no era.
Saludos, interesante post.
Hola Vanesa, gracias por participar con tu opinión, la cual comparto.
No obstante, tengo la esperanza de que esa gran parte de la sociedad que prudentemente hemos callado a tantas idioteces, a tanto sinvergüenza, vayamos dejando de tener miedo y recuperar los mandos de una nave que se dirige al precipicio.
Al menos esa es mi intención al divulgar mi pensamiento.
Gracias por